La Barcelona de G

[Texto publicado originalmente en el número de octubre de 2015 de la revista Lonely Planet, bajo el título «La Barcelona del joven Gaudí». La imagen que lo antecede corresponde al puerto antiguo de Barcelona en torno al año 1870, con la última muralla protegiendo todavía el frente marítimo de la ciudad. La imagen que cierra el artículo muestra el otro extremo de la muralla, en la zona de las Atarazanas, con el desaparecido Baluarte del Rey en primer plano y, al fondo, el portal de Santa Madrona, hoy todavía en pie junto a un último lienzo de la muralla que rodeaba el Raval desde el siglo XIV.]

Puerto de Barcelona

Asomarse a la Barcelona de la década de 1870 es descubrir una ciudad muy distinta a la que hoy conocemos. Se trata, para empezar, de un lugar de proporciones mucho más reducidas que las actuales. Las murallas que habían cercado Barcelona hasta mediados del siglo XIX habían desaparecido casi por completo, pero el nuevo Eixample diseñado por Cerdà se hallaba todavía en construcción y el grueso de la población seguía confinada entre los límites de un núcleo medieval atestado e insalubre. Gràcia, Sants, Sarrià o Sant Andreu mantenían su condición de municipios independientes, comunicados con la ciudad a través de las nuevas líneas de tranvía de tracción animal y de los viejos caminos que seguían el trazado de las antiguas vías romanas. Una última muralla, la del Mar, mantenía la ciudad aislada de los aires nuevos que llegaban del Mediterráneo, y el turismo era un concepto con el que nadie había empezado a soñar todavía.

Antoni Gaudí llegó a Barcelona en septiembre de 1868, sólo unos días después de que el triunfo de la Gloriosa expulsara a Isabel II del trono de España y diera inicio a un tiempo nuevo en la vida del país. Gaudí tenía entonces dieciséis años, y era el hijo de un calderero que se disponía a completar sus estudios en un lugar muy distinto a su Reus natal. Su primera residencia en Barcelona fue una buhardilla situada en el número 12 de la placeta de Montcada, junto al ábside de la iglesia de Santa María del Mar, en pleno corazón del barrio de la Ribera. El puerto, la Barceloneta, la Ciudadela militar recién demolida o el Pla de Palau se hallaban a tan sólo unos pasos de su domicilio, y todos estos lugares se convertirían, junto a otros espacios más alejados pero igualmente atractivos como las Ramblas, la plaza Real o el barrio del Raval, en los escenarios principales de la vida del joven Gaudí.

Reducido hoy a mero lugar de paso, el Pla de Palau fue durante mucho tiempo el centro vital de Barcelona. El palacio que daba su nombre a la plaza, destruido por un incendio en 1875, presidía un conjunto de edificios emblemáticos que incluían la Lonja, la Aduana, los pórticos de Xifré y la antigua Puerta del Mar, que comunicaba la ciudad con los muelles del puerto y con el barrio de la Barceloneta. En la Lonja tenía su sede la Escuela de Arquitectura, en la que Gaudí cursó sus estudios superiores a partir de 1873 y de la que salió adornado por el famoso vaticinio de su director: «hoy le hemos dado el título a un genio o a un loco.» Situados frente a ella, los pórticos de Xifré fueron en su tiempo el edificio más moderno de Barcelona, y sus bajos siguen albergando hoy en día el famoso restaurante 7 Portes, fundado en 1836 y convertido ya en historia viva de la ciudad. La cercanía del puerto había llenado la zona de fondas y de tabernas, generando una animada vida social que se extendía hasta el próximo Jardín del General, el primer gran parque público de que dispuso Barcelona. Y de las inmediaciones del Pla de Palau partía también el elevado Paseo de la Muralla, que seguía el trazado del actual paseo de Colón y terminaba al pie de las Ramblas, donde los cuarteles de las Atarazanas vigilaban una avenida convertida ya en frontera entre dos mundos que habrían de alimentar por igual la imaginación del joven Gaudí: la elegancia burguesa del Liceo, de la plaza Real, de las calles de Ferran y Petritxol, y frente a ella la vida popular del Raval, con sus fábricas y sus teatros y sus animadas tascas libertarias.

Esta es la Barcelona que describen las páginas de G, y este es el Gaudí que su historia invita a descubrir: un estudiante fascinado por las luces y las sombras de una ciudad cuyo rostro él mismo habría de cambiar para siempre.

Portal de Santa Madrona y Baluarte del Rey